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GOTEO

TALIÓN

Tiene su lado amable, el ser técnico en refrigeración de una tienda de electrodomésticos usados.

No me quejo.

Por este medio me allego de antidepresivos muy cotizados en el mercado negro.

El asunto es sencillo.

Dos veces al año debo darle mantenimiento a los refrigeradores adquiridos, en distintas fechas.

Así lo especifica el contrato signado por el cliente con la aseguradora.

De cada diez clientes, seis son ancianos y dos pertenecen a familias con personas de la tercera edad.

En Quebec hay demanda de antidepresivos, principalmente Clomipramina, Prozac, Vilazodona y Duloxetina.

Datos oficiales: diariamente quinientos mil viejos consumen antidepresivos en Quebec.

Mi modus operandi es sencillo.

Después de quitar la tapa trasera del congelador del refrigerador, solicito permiso para entrar al baño.

Nunca falta en el botiquín del sanitario algún frasquito café con las recomendaciones del médico familiar.

Tomo tres grajeas y las guardo en el recipiente que llevo.

En la maniobra puedo allegarme de anfetaminas, morfina y otros potentes tranquilizantes.

Un cliente por día me permite obtener hasta tres mil dólares mensuales.

¿Me preguntarán por qué un boliviano de mi estirpe hace estas revelaciones?

Por despecho, temor o remordimiento.

El ojo por ojo y diente por diente tuvo su efecto en mi persona.

Mi novia, la hija de puta, me robó los ciento quince mil dólares que tenía ahorrados en mi habitación.

Por abusar del crack me descuidé. Dejé al descubierto el hueco de la duela donde escondía el resultado de mis pillerías.

Después me enteré que la muy flauta se regresó a Buenos Aires, pero antes me denunció con la policía de malos tratos.

Ahora estoy bajo investigación y sin guita, como diría la muy perra.

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Salacion

ESPECIE

El kilo de sal, en caja, vale menos de dos dólares.

Sel de table.

Cloruro de potasio.

Un veinte por ciento de sodio.

Lees, lees, lees…

Heavenly Spices es la marca.

Dos jitomates rojos, dibujados al óleo, engalanan la presentación.

—Prefiero la sal del Himalaya, es mineral —sugiere la dama de cara lunar y espalda de ropero.

Es tu amante.

Ni siquiera intentas girar y ponerte de su parte.

La tienda exhibe un frasco alargado con sal granulada color rosa.

El monte Himalaya aparece en la etiqueta.

—Es más cara —dices aun con la caja de sal refinada.

—Gastas más en cigarros —te recuerda tu amante.

—Cómprala tu —la provocas.

—Lo haré —responde sin mostrar enojo—. No quiero discutir por esta minucia…

Aun no te cae el veinte.

Irina no es negra, como tú. Por el contrario, es de piel lechosa y traga en exceso.

La discusión por la falta de sal, te empujó a ir al Dollarama.

No le importó que trabajes de noche. Se lo recordaste cuando te zarandeo en la cama.

—Te lo pedí antes de salir —gritó— y pudiste pasar al dépanneur y comprarla…

—Tu no trabajas —protestaste—, te la pasas en casa todo el día…

—Estoy discapacitada…

—El que come y mea, el diablo que se lo crea…

—Baboso…

Tu turno en la plaza comercial es de ocho a ocho. Tienes un receso de quince minutos cada tres horas.

Llave en mano checas los relojes esparcidos a lo largo y ancho del inmueble de tres niveles.

La sal solo tiene potasio.

Cero calorías, cero vitaminas, cero grasas, cero carbohidratos…

Dañina o no, es necesaria.

El doctor le dijo a tu amante que borrara la sal de su menú.

Decisión salomónica.

Los dos —ella y tú— acordaron ir juntos al supermercado.

Si no fuera por la pandemia, seguramente la hubieses abandonado.

Para no discutir, cedes.

La sal del Himalaya terminó en la bolsa de compras.

Ella pagó el recaudo.

La cara redonda —lunar— estaba semicubierta por el cubrebocas negro.

Ojos de serpiente o conejo.

Ojos de fuego.

Ojos de muerte.

El brazo derecho empezó a dolerte.

Y un sudor frio invadió tu piel de esclavo caribeño.

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Cascajo

CUBREBOCAS

Las revueltas callejeras no cesan.

Un solo clamor:

—No al cubrebocas.

La plaza del viejo Montreal se cubrió de manifestantes.

Cuatro días después, 295 montrealenses se infectaron de Coronavirus.

Menos enfermos son hospitalizados.

Los casi cinco mil 800 muertos en Quebec por el virus en su mayoría eran viejos o diabéticos e hipertensos.

Dos de los Asturias, madre e hijo, terminaron en el hospital.

Los paramédicos sufrieron para sacarlos en camilla de su departamento.

Tuvieron que intervenir los bomberos.

Su obesidad es memorable en el barrio.

Los vecinos observaron alarmados su traslado del piso cuatro a la ambulancia.

—El hijo no faltaba a las marchas contra el cubrebocas —cuchicheó Romain Cesbron, el pensionado del departamento veinte.

Su boina de gaitero escoses lo distingue.

La calle Saint-Jerome estaba vacía.

El movimiento es de automóviles y camiones.

Ni los trotabanquetas con perros perfumados, meones y cagones hicieron acto de presencia.

Preocupa la soledad vial.

¿Qué ocurrirá en los siguientes años?   

En el 2022, dicen los científicos canadienses, retornará la normalidad.

Bonne Dick en filipina de peluquera, al ver como se alejaba la ambulancia, expresó:

—Nuestro mundo social se redujo a una habitación con Internet…

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Loteria del rebelde

MINISTRO DEL PRIANATO

Menuda bronca les aguarda a Juan Pueblo y Adelita Ciudadana.

Lo de meter en la cárcel a un ex presidente de la república presuntamente ladrón y genocida no es asunto fácil.

Puro choro lo del artículo 39 constitucional.

La soberanía del país no recae en el pueblo, sino en los partidos políticos.

Toño Hidalgo, el marido de Lucha Reyes —un evangelista ilustrado— lo repite después de entregarle a su cliente —algo cegatón— la carta recién redactada.

—Se la pasan por el arca del triunfo, son unos cabrones los politiquillos.

La soberanía nacional reside esencial y originariamente en el pueblo. Todo poder público dimana del pueblo y se instituye para beneficio de éste. El pueblo tiene en todo tiempo el inalienable derecho de alterar o modificar la forma de su gobierno.

De ser cierto y con tanto abuso ningún gobernante transa estaría en las calles.

Y resulta que el ministro Luis María Aguilar Morales será el responsable de resolver la constitucionalidad de la consulta pública para enjuiciar a los cinco ex presidentes con turbio pasado.

Juan Pueblo, aun en su sano juicio —por temor a contraer el virus del Covid no acudió temprano a la pulquería de Palmas—, fue quien hizo extensivo el chisme.

—El ministro es el mismísimo que tenía a su hija en la nómina de la Suprema Corte de Justicia y cobraba más de 26 mil pesos mensuales y prestaciones. Puede ser tan corrupto como los ex presidentes…

—Pero somos nosotros los que presionamos —aclaró Lucha Reyes en su puesto de películas piratas—. Y tambien tiene los ojos puestos el presidente López Obrador y la mayoría de diputados y senadores…

—Cuando fue presidente de la Suprema Corte, el ministro Aguilar Morales hubo desvíos de dinero por más de cinco mil 428 millones de pesos —recordó Juan Pueblo – y la denuncia la presentó en octubre de 2018 la Asociación Civil México Justo, encabezada por el ex presidente de la SCJN y ministro en retiro, Genaro Góngora Pimentel.

—La iglesia católica  en manos de Lutero —dijo Adelita Ciudadana aun con su traje de jarocha que utilizó durante los festejos de las fiestas patrias.

Y para que no quedara duda de la gravedad de los hechos, la Auditoria Superior de la Federación, bajo el gobierno de Ernesto Peña  Nieto, limpió el entuerto.

La denuncia de Góngora Pimentel se fue a la basura.  

El ministro Aguilar Morales, el 1 de julio de 2019 —seis meses antes de que López Obrador asumiera la presidencia de la Republica— fue oficialmente exonerado.

Por lo tanto, su hija, de profesión dentista, podría dormir tranquila.

—¿Y quien lo propuso como ministro ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación? —preguntó Adelita Ciudadana.

—Felipe Calderón Hinojosa… —respondió Toño Hidalgo— y asumió el cargo el 1 de diciembre de 2009.

—Hijo del Prianato —replicó Lucha Reyes.

—Confiemos, confiemos, no seamos tan pesimistas —Adelita Ciudadana intentó calmar las aguas.

Toño Hidalgo, desde su escritorio de la Plaza de Santo Domingo, concluyó:

—El lunes 28 de octubre, si no me fallan las cuentas, el ministro Aguilar Morales, a sus casi 80 años, tendrá que dar el veredicto sobre la constitucionalidad de la consulta pública para enjuiciar penalmente a los ex presidentes Salinas, Zedillo, Fox, Calderón y Peña…

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Loteria del rebelde

LA BARAJA

Chayosaurios y derechauros no pudieron impedir el reclamo ciudadano de no a la impunidad.

Su pánico cundió.

En la casona del pueblo, desde tres días antes, un ejército de rebeldes le ponía orden al papeleo.

Una velada fresca, pero tensa.

Juan Pueblo y Adelita Ciudadana llegaron con las pizzas de pepperoni y queso mozzarella.

—¡Diez y viene otra camada! —gritó Adelita con su sempiterna sonrisa cautivadora.

Lucha Reyes, la veterana tianguista del zócalo, coordinó la entrega de alimentos.

El foleo de actas era imparable.

Un millón seiscientas mil hojas con nombre, fecha y número de elector ya permanecían en cajas de cartón.

El propósito: entregar al senado dos millones de solicitudes para enjuiciar a cinco ex presidentes de la república.

Una caterva de periodistas e intelectuales orgánicos, afines a empresarios y dirigentes políticos del PRI y PAN, lanzaron chorros de tinta negra en las redes sociales y periódicos de papel.

Nulo esfuerzo, pero redituable a sus bolsillos.

Martes 15 de septiembre, México.

Día tope.

El senado de la república deberá reenviar las actas a la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Y once ministros tendrán la encomienda de analizar la pregunta propuesta por el presidente de la república —Andrés Manuel López Obrador— relacionada a la posibilidad de llevar a los ex presidentes ante una autoridad judicial.

¿Está de acuerdo o no con que las autoridades competentes, con apego a las leyes y procedimientos aplicables investiguen y en su caso, sancionen la presunta comisión de delitos por parte de los ex presidentes Carlos Salinas de Gortari, Ernesto Ponce de León, Vicente Fox Quesada, Felipe Calderón Hinojosa, y Enrique Peña Nieto durante y después de sus perspectivas gestiones?

En veinte días, once ministros del poder judicial darán respuesta a la demanda ciudadana: Arturo Zaldívar Lelo de Larrea, Juan Luis González Alcántara Carranca, Norma Lucía Piña Hernández, Alfredo Gutiérrez Ortiz Mena, Jorge Mario Pardo Rebolledo, Ana Margarita Ríos Farjat, Javier Laynez Potisek, José Fernando Franco González Salas, Yasmín Esquivel Mossa, Alberto Pérez Dayán y Luis María Aguilar Morales.

De aprobarse, el Instituto Nacional Electoral, encabezado por Lorenzo Córdova Vianello, será el responsable de organizar la consulta ciudadana.

El artículo 15 de la Ley Federal de Consulta Popular es quien fijó las pautas legales.

La indignación social es evidente.

En los treinta y un estados de la república y la Ciudad de México, parte de la ciudadanía organizó el levantamiento de firmas.

Las actas firmadas llegaron en camiones y camionetas a un centro de acopio ciudadano de la Ciudad de México, cerca del zócalo.

Un ejército de mexicanos indignados las folió y organizó en cajas.

 Una por cada mil actas.

Antes de las dos de la tarde deberían ser entregadas en el senado de la república.

Adelita Ciudadana y Juan Pueblo con cubrebocas recuperaron sus lugares.

Las pizzas serían insuficientes para cubrir su cometido.

Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos sarán saciados —declamó Lucha Reyes mientras repartía las rebanadas de pizza y rellenaba los vasos de café.

—¡Viva México! —exclamó Adelita levantado los brazos.

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LEÓN

La risa de los niños es un bálsamo para los viejos enfermos.

En esta espantosa soledad, obligada por las drásticas medidas sanitarias, cualquier ruido externo se torna en novedad.

Escucharlo de boca de Vanessa en plena pandemia me pareció un exceso.  

Ella siempre se quejó de la alharaca infantil durante el día de las brujas.

Nunca la vi salir a la puerta y repartir dulces y galletas. Repudiaba a los infantes disfrazados de superhéroes o villanos diabólicos.

—Son una lacra —espetaba cargada de coraje.

Ahora era distinto al enfermar de reumas y aullar de dolor.

Si la asisto es por amistad y agradecimiento.

Los viejos solitarios debemos echarnos una mano.

Hace tres meses, por una caída, recibí su apoyo. Me subía alimentos calientes y limpiaba mi habitación.

Hago lo mismo al enterarme de su mal de huesos.

Lo único molesto, debo confesarlo, es sacar al parque a su perro pekinés y recoger sus cacas.

Desde finales de agosto algunas escuelas han abierto sus puertas. Los alumnos de primaria y secundaria, mochila a la espalda, hacen barullo al cruzar el edificio donde habito.

Me encanta observar su paso vital y escuchar sus exclamaciones y risas.

En algunas ocasiones, algunos alumnos —principalmente niñas— acarician al perro de Vanessa.

Si por mí fuera, ya lo hubiera regalado.

Y para el colmo, lo llamó León en honor a mi nombre: Napoleón.

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GOTEO

ADIOS POETA

El coroner no quiso retardar su regreso. Tenía otros asuntos urgentes.

—La autopsia es necesaria —dijo sin titubeos.

El médico forense, tan viejo como él, metió el documento sin firmar al maletín.

La sabana, manchada de vómito, yacía al lado del cadáver.

Los paramédicos hicieron el levantamiento ante los ojos azorados de las hijas del muerto.

Los apuntes eran explícitos, de ahí la decisión de postergar el traslado del cuerpo.

Boris sabia de esos menesteres desde que asumió el cargo de procurador forense o coroner.

Con su venia, un cadáver queda exento de sospechas y es entregado a sus familiares.

En este caso, el coroner pensó que el anciano se había suicidado, pero asistido.

2

En cama, al lado de su esposa —proverbial de carnes como el marido— leyó algunas hojas finales de la libreta del difunto.

 Donde quiera que estés

el sol es descortés.

La huida de mi sombra

a nadie les asombra.

Ocurre de mañana

y mi cuerpo se agusana.

La ausencia de los hijos

terminan siendo alijos.

Empiezan los cortejos

con sueños disparejos.

La muerte nos alarga

y aloja una botarga.

El vino se ha agotado

y estoy alucinado.

Sí hay reencarnación,

escucha mi canción.

Y cada melodía

al santo pervertía.

La farsa de Fouché

honrado la escuché.

Y al ritmo de una rumba

no hay monjas en la tumba.

La fosa del entierro

aloja a un testaferro.

Mi negro catafalco

arropa cal y talco.

La lapida arrogante

Protege al ignorante.

El fracaso te convierte

en llama de la muerte.

Aliento de mi amada

perfuma la alborada.

3

—Ya descansa, amor…

—Debo hacer una llamada, perdona que haya interrumpido tu sueño…

Boris Lacusse presionó el botón de la lámpara.

La habitación quedó en penumbras.

Henri Romain no quiso seguir viviendo.

Lo lamentó.

En tres meses era el quinto poeta que se suicidaba.

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Salacion

EL BACALAO

Estoy más salado que un bacalao, insistes.

Larry te advierte:

No convoques la oscuridad, porque te salpica desde que amanece.

Lo digo porque no veo la mia, los muertes me impiden dormir, subrayas.

Uno cosecha lo que siembra, sentencia Larry.

Le faltan tres dedos y una zeta negruzca carga en la mejilla izquierda.

No pudo recuperar la motocicleta después del accidente.

Ni sus cuatro dedos.

En su retorno, después de tres semanas de aparente muerte cerebral, logró sumergirse en algunos libros sagrados.

El cambio de comportamiento fue radical.

Ahora era un peregrino con viejas manías de mercader.

Vendía azoras o versículos por unas cuantas monedas, dólares de preferencia.

Una especie de lobo estepario, desde la visión de Hesse.

La bestia descarriada.

Perdido en calles y avenidas, en bulevares y caminos solitarios.

Mi falta de ambición es la causa, reiteras y te niegas a terminar la sopa vietnamita.

Solo tres de las treinta mesas se encuentran ocupadas.

La mala suerte, según tú, empezó cuando ejecutó a su mejor amigo.

La paga fue magra.

Larry mueve la cabeza. Sabe de lo que hablas.

Si te escucha es porque tiene hambre.

Ser salado, te recuerda, es perder la esperanza por la vida.

Estoy muerto, señor Marmolejo. Llevo veinte años deambulando sin consciencia, llenando cementerios.  

Si no crees en el hombre o en sus dioses, algo en ti te impide suicidarte, reflexiona el peregrino.

La invitación partió de ti, no de Larry Marmolejo.

Te cruzaste en su vida de manera fortuita.

Estaba arrodillado frente a la estatua de Michelangelo Buonarroti.

El mármol de Carrara ponía en evidencia el poder de la inmortalidad.

A lo largo del camellón de la avenida, dedicada al artista romano, varias figuras de su obra sobresalían de los arces y pinos a punto de amarillarse.  

Venga, le dijiste, le invitó una sopa caliente. Escoja usted el lugar.

Larry se santiguó, levantó su puerca cara de ermitaño, y con el dedo meñique, renegrido por la mugre —el único dedo sobreviviente de la mano— señaló la fachada de un solitario restaurante vietnamita.

Y ya en la mesa, tus lamentos de arrepentido se dejaron escuchar con su carga letal.

Larry Marmolejo —como dijo llamarse el miserable— te recordó que el hombre crucificado puede resucitar.

No hay muerte infinita, sino finita.

El retorno es irremediable.

Y te recordó, en breves palabras, lo de su accidente por mezclar anfetaminas con alcohol, la perdida de dedos y el fallecimiento de la mujer embarazada.

Mi actual condición nada tiene que ver con mis fracasos, te dijo. Yo hago santos a los artistas y los venero. Ellos me han enseñado a olvidar y escuchar.

El haberle contado al peregrino drogadicto lo de tu oficio de matón por contrato achicó la valija de los remordimientos.

Tendrías que deshacerte de aquel miserable, tan pervertido como tú, y nadie lo extrañaría.

Veinte años de orfandad absoluta —de salación, como diría tu finada madrina— tiene sus consecuencias emocionales.

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Salacion

LA ERA DEL SODIO

El robo de sal nos ha alcanzado.

Es un asunto serio.

Cualquier hospital o clínica familiar es un receptor de cloruro de sodio.

¿Por qué nos extraen la sal sin darnos cuenta?

¿Por qué es obligatorio, por prescripción médica, ingerir cápsulas de salmuera?

¿Por qué tenemos que acudir a los centros de depósito sanitario para entregar los contenedores de nuestros orines acumulados en un mes?

Después de la pandemia de 2020 todo ha cambiado.

En Montreal nos tienen monitoreados. Dependemos de nuestro médico familiar.

Sin la carte de la santé urinaire estamos perdidos. Se pierden privilegios de confort y no podemos adquirir ciertos productos comestibles.

Ni siquiera podemos viajar al extranjero o pasar de una provincia a otra.

La sal de nuestro organismo garantiza el funcionamiento del tejido social.

Las salinas dejaron de producir la sal granulada.

La mar empezó a evaporarse.

Manchones desérticos cubren lo que antes fueron lechos marinos.

Y el agua potable dejó de ser un producto al alcance de todos.

Ahora a las niñas y niños, desde que nacen hasta los dieciséis años, beben la orina que proveemos.

En diez años, dicen los expertos del Centro de Vida Animal y Vegetal, nuestros descendientes podrán sobrevivir con su propia orina.

Por lo pronto, los riñones de la próxima generación humana y de otras especies han sido alterados en el Centro Genético de Quebec.

Poco a poco podrán potabilizar la orina y hacerla bebible y nutritiva.

Sin embargo, la demanda de sal ha desencadenado un mercado negro.

Bandas criminales la extraen del cuerpo animal con ayuda de laboratorios clandestinos.

Los dos hijos del alcalde de Montreal, Louis Brulai fueron secuestrados.

Un mes después, el mayor —Fernand— fue encontrado sin vida en uno de los suburbios pobres de Saguenay.

Todo residuo salino le fue extraído.

Según la prensa, Brulai quiso sanear el Ministerio de la Salud y lo castigaron.

El hijo menor fue devuelto con vida, pero muy lastimado de sus riñones.

Trabajar en el Ministerio de Salud no es agradable.

Soy un ínfimo empleado que clasifica los contenedores de orines por color, olor y edad del donador.

La sal lo es todo.

Sin la sal nuestro sistema inmunológico sería un desgarriate.

La pandemia del 2020 y las sequias cambiaron el curso de la historia terrestre.

Me tranquiliza saber que mis nietos podrán sobrevivir.

No importa que sean una especie de mutantes de piel vidriada.  

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Cascajo

RAPSODIA

Desconsolado.

El payaso Pinguín se niega a abandonar la cama.

Liszt dejó de estimular su amor a la música clásica.

Su Rapsodia húngara dos, de poner atención, es el preludio del suicidio.

—Pobre hombre —se lamenta Yara—, lo amaba tanto…

—¿Y qué dice la doctora?

—Melancolía pura…

Los otros vecinos aguardan en el pasillo. Todos con cubrebocas, pijama y pantuflas.

La noticia del estado de salud del payaso consentido fue esparcida por las redes sociales.

Los niños presionaron a sus padres y abuelos para que lo apoyaran.

En cada cumpleaños, el payaso Pinguín se hacía presente sin cobrar por sus servicios.

Sin embargo, el principal atractivo del espectáculo era el inquieto y peludo poodle de orejas colgantes y ojos violeta: Puce.

En una hora, el perro de pelaje blanco atravesaba aros, bailaba con las patas traseras, fingía dormir y aullaba al escuchar las rapsodias húngaras de Liszt.

El 25 de septiembre los regalos se acumulaban en el departamento del payaso Pinguín.

Los vecinos, por iniciativa de sus hijos o nietos, festejaban el cumpleaños del perro.

Fecha inventada por su dueño, de nariz azul turquesa, ojeras blancas y piel mostaza.

Nunca se despegaba del bombín amarillo.

—¿Melancolía, uno puede enfermar de eso? — cuestiona Edgar, el del departamento 22.

—La depresión te hace ver visiones y después estiras la pata —confirmó Yara, en bata y rulos de plástico en la cabeza—. Amaba tanto a ese animal —suspira y se persigna— que Dios lo tenga en su gloria…

—Es la salación —interviene Jean-Paul destilando ron por los poros—, siempre cuestiona a la Virgen… Y en estos tiempos de pandemia…

—Que ironía —dice Alyson casi despechugada y sin dejar de alisarse el cabello con una peineta de carey—, Puce murió atropellado por una ambulancia…

La charla se interrumpe al salir la doctora Dubourg del departamento del payaso Pinguín.

—Oren por su alma —murmura.

Por su semblante, los vecinos intuyen lo peor.

—Pobre —exclama Yara.

—Ya está en paz con su perrito —susurra Edgar.

Una catarata de zardas, lanzada desde un piano, invade el lugar.